Parece una combinación poco probable, pero es una realidad. El mundo del vino se une a la tecnología y a la innovación para ofrecer unos vinos más sostenibles y ecológicos con una producción más eficiente y competitiva. El sector vitivinícola se transforma y lo hace a nivel global. Tan solo en nuestro país las bodegas destinan gran parte de su presupuesto anual a los proyectos de I+D+i, mientras que en otros países aumenta la adopción de tecnologías tan avanzadas como los drones, la inteligencia artificial y el blockchain, herramientas que, como hacen en otros sectores, ayudan a avanzar, en este caso, hacia una producción de vinos más sostenible, eficiente y competitiva.
Dentro del sector vitivinícola, la innovación se ha convertido en un factor clave si se quieren afrontar los desafíos actuales y futuros. Desde los viñedos hasta la distribución, se ha integrado la tecnología más innovadora en cada parte del proceso, obteniendo soluciones con las que se optimizan los diferentes procesos, se reduce el impacto ambiental del sector y se fortalece el posicionamiento. La finalidad no es otra que la de producir un vino más eficiente, resiliente y en línea con los actuales retos ambientales. En este contexto, la inversión en investigación y desarrollo juega un papel determinante en la consolidación de un modelo de producción más sostenible, eficiente y resiliente.
Precisamente, la tecnología es la más adecuada a la hora de entender el estado en el que se encuentran los viñedos, lo que permite a los productores anticiparse a los problemas que puedan surgir. Destacan en este aspecto las herramientas de agricultura de precisión como los drones o los sensores del tipo IoT, con los que es posible medir aspectos tan importantes como la temperatura o los nutrientes del suelo donde se cultiva la vid. La inteligencia artificial y el big data son otros de los aliados que ayudan a facilitar la gestión de los datos.
Tecnología aplicada al vino
Gracias a las nuevas tecnologías, los viticultores pueden monitorizar en tiempo real el estado de sus viñedos, pudiendo detectar enfermedades o estrés hídrico en el suelo, además de optimizar los recursos. Se puede visitar una bodega para comprobar cómo utilizan estas tecnologías o, como en nuestro caso, Plantvid, un vivero de vid donde se producen injertos de plantas de vid para producir uvas de mesa y vino, en el que la tecnología punta permite ofrecer productos con sello de excelencia.
La tecnología ha marcado, al mismo tiempo, un importante cambio en los sistemas de riego tecnificado, gracias a los que se optimiza el uso del agua y es posible realizar un riego preciso en el momento más adecuado. Unidas a la tecnología se encuentran las prácticas propias de una agricultura regenerativa, como el hecho de mantener el suelo cubierto de vegetación, con lo que se ayuda al suelo a mantenerse vivo y con una buena biodiversidad.
Son cada vez más las firmas que apuestan en sus bodegas por la producción de energía renovable con sistemas fotovoltaicos o mediante la instalación de luminarias LED. A lo que se añade la adopción de aquellas tecnologías que están orientadas a la mejora del tratamiento de residuos industriales líquidos, como los que se producen durante el lavado de los equipos utilizados y de las superficies después de realizar la vinificación, que, de no ser tratados de la forma adecuada, se pueden filtrar en el entorno y llegar a contaminar los recursos hídricos.
Ya en la fase de distribución, entra en juego la tecnología blockchain, que hace posible que se garantice la autenticidad de los vinos de origen ecológico y sostenible basándose en la trazabilidad del producto. A lo que se añade la posibilidad de incorporar el uso de vehículos eléctricos en las bodegas y los procesos de distribución y transporte.
El estudio Estrategia del sector vitivinícola español 2022-2027 señala como objetivo principal fomentar el desarrollo y la expansión de la tecnología en el sector, poniendo como ejemplo las tecnologías que permiten el desarrollo de los nuevos productos en línea con la tendencia del mercado, como es el caso de las nuevas categorías de vino sin alcohol o con un bajo contenido del mismo.
De manera que la tecnología se ha convertido en una de las aliadas fundamentales del sector para permitir su avance hacia un modelo más sostenible, eficiente e innovador. Desde el viñedo hasta la copa, cada una de las soluciones digitales o técnicas que se aplican no hace más que reforzar la capacidad del mundo del vino a la hora de adaptarse a los desafíos a los que se enfrenta el sector, tanto a medio como a largo plazo. La inversión en innovación hace que mejore la competitividad de las bodegas, garantizando que el modelo de producción se encuentre en línea con la sostenibilidad ambiental y, por supuesto, la demanda del consumidor.
Camino hacia el vino inteligente
No podemos decir que el vino sea inteligente, pero sí es posible que en algún momento lo sea, como sucede con muchos productos y artículos. Aunque el vino en particular siempre tendrá esa esencia de la vida que aporta la tierra. Lo que sí podemos decir es que la inteligencia artificial hace tiempo que dejó de ser una promesa del futuro para convertirse en una realidad palpable que ha transformado industrias enteras a una velocidad impresionante. El sector vitivinícola no podía escapar a esta tecnología, aun tratándose de un campo de los más tradicionales y con unas prácticas de lo más arraigadas.
Aunque puede parecer un campo reacio a la innovación, ya hemos comprobado que no lo es tanto y se adapta a los tiempos de la mano de la tecnología, incluida la IA, con la que optimiza cada etapa del proceso, empezando por el cultivo de la vida y llegando hasta la comercialización del producto final.
Esta tecnología ayuda a los productores a mejorar la calidad, la eficiencia y la sostenibilidad de sus operaciones, al mismo tiempo que proporciona a sus consumidores una experiencia más personalizada. La IA no solo mejora las prácticas que se realizan en la actualidad, sino que también desbloquea nuevas oportunidades a la hora de innovar y crecer dentro del sector.
La inteligencia artificial impulsa una viticultura de precisión, representando un cambio de paradigma en lo que a la gestión de los viñedos respecta. En vez de aplicar los tratamientos uniformes a todo el campo, permite a los viticultores realizar un análisis detallado de los datos que se obtienen sobre las condiciones en las que se encuentra el suelo, el clima, la salud de las vides y todos aquellos factores que se consideran relevantes. El uso de sensores, drones y satélites permite recopilar toda la información correspondiente, que luego se procesa mediante algoritmos de la IA con los que se identifican patrones y se pueden predecir los problemas potenciales, como pueden ser las enfermedades o deficiencias nutricionales del terreno y la plantación.
Esto hace posible que los viticultores puedan tomar decisiones más informadas sobre los riesgos, la fertilización y el control de plagas a realizar, aplicando los recursos con mayor eficiencia y reduciendo el impacto ambiental. La inteligencia artificial ayuda a determinar con precisión la cantidad de agua necesaria para cada sección del viñedo, con lo que se evita el desperdicio de agua y se optimiza el crecimiento de la uva. Asimismo, permite identificar de forma temprana los signos de enfermedad y se puede llevar a cabo una intervención más rápida y localizada, minimizando la aplicación de pesticidas.
Sin olvidar que la IA no se limita al viñedo y está revolucionando el proceso de vinificación que se lleva a cabo en las bodegas. Los algoritmos de la IA analizan datos sobre la composición de las uvas, sus condiciones de fermentación y otros parámetros que hacen posible la predicción del resultado final del vino y, en consecuencia, permiten optimizar al máximo el proceso. Esto hace posible que los enólogos tomen decisiones mucho más precisas sobre la maceración, la fermentación, la crianza y el embotellado del producto final, mejorando la calidad y la consistencia del caldo obtenido.
Además, permite ayudar a identificar y corregir los problemas que se producen durante la vinificación, como puede ser una fermentación lenta o la desviación indeseada del perfil aromático del vino. Para ello recurre al análisis de los datos en tiempo real, pudiendo alertar al enólogo sobre los posibles problemas que se pueden producir y ofrecer las soluciones adecuadas para garantizar la calidad final del vino. Incluso se están desarrollando unos sistemas de inteligencia artificial que, parece ser, podrán predecir la aceptación que el consumidor tendrá del vino basándose en su perfil sensorial y las preferencias del mercado en cada momento.
En conclusión, la tecnología en general y la IA en particular están transformando el sector vitivinícola a todos los niveles: desde el cultivo de la vid hasta la comercialización del vino. La viticultura de precisión, la enología asistida por IA, el marketing personalizado y la sostenibilidad son algunas de las áreas en las que se está produciendo un impacto significativo. Al optimizar los recursos, mejorar la calidad y ofrecer una experiencia más personalizada al consumidor a la vez que se promueven prácticas sostenibles, la tecnología está convirtiendo las bodegas en espacios más eficientes, competitivos y, por supuesto, responsables.